Dos profes y un destino

El verano pasado trabajé en Enforex, donde tuve a varios grupos que seguían cursos intensivos de veinte horas semanales (aunque con diferentes duraciones). Esas veinte horas se repartían entre dos docentes: uno se encargaba de las dos primeras horas de cada día y el otro de las dos últimas.

En teoría este sistema fomenta la colaboración entre profesores, pero en la práctica eso es muy relativo y, como casi todo en esta vida, depende. En este caso, dependía de con quién compartieras grupo, y a mí me tocó trabajar básicamente con dos tipos de profesores:

– Con unos había cierto intercambio de información: cada día establecíamos qué íbamos a hacer más o menos cada uno al día siguiente y hasta qué página del libro «podíamos» llegar cada uno (teníamos que seguir un manual).

– Con otros, ese intercambio de información se limitaba a unas hojas de clase que debíamos rellenar obligatoriamente: el profesor encargado de las dos primeras horas, bien el día anterior al acabar su clase o bien al llegar el mismo día a la escuela, cogía de un cajón las hojas de clase de su aula, en las que se encontraba un esquema que explicaba muy brevemente qué había hecho el otro profesor en las dos últimas horas; el segundo profesor se encontraba las hojas en la mesa del aula directamente, como mucho quince minutos antes de empezar sus dos horas con ese grupo, y en ellas leía la información referente a lo que habían hecho durante las dos primeras horas de clase.

A mí, profesora con muy poca experiencia, ambos intercambios de información me resultaban insuficientes. En ambos casos sentía que me estaba perdiendo muchas cosas, al no saber exactamente cómo habían trabajado los contenidos, cómo se había desenvuelto cada alumno… Y en el segundo caso, además, se añadía el estrés que me producía, cuando yo era la profesora de las dos últimas horas, preparar la clase del día siguiente sin tener ni idea de qué pensaba hacer el otro profesor en las dos primeras horas.

Creo que este sistema funcionaría mejor si el intercambio de información entre los dos profesores encargados de un mismo grupo fuera mucho mayor, pero entiendo que, por falta de tiempo y/o de interés, esto no siempre es posible. También considero que quizá otra posible solución al problema sería que los roles de cada profesor estuvieran más delimitados: en un curso que hice en Irlanda (de inglés, como alumna), también teníamos dos profesores que compartían libro, pero con uno de ellos trabajábamos gramática, léxico, pronunciación y funciones (durante las dos primeras horas del día) y con el otro las destrezas (durante las dos últimas horas).

Por otro lado, entiendo que para los alumnos puede ser bueno tener dos profesores, básicamente por dos motivos: porque tienen la posibilidad de ver dos formas de hacer y de ser diferentes, con el enriquecimiento y el estímulo que ello supone, y porque, en caso de que no tengan demasiado feeling con uno de los dos profesores, al menos saben que no lo tienen durante las cuatro horas. Y esto mismo también se aplica a los profesores: no con todos los grupos conectamos igual, y puede que con alguno nos resultara más difícil trabajar esas cuatro horas diarias.

¿Tú has trabajado alguna vez en condiciones similares? ¿Cómo valoras la experiencia?

¡Saludos!

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«Los mejores viajes son los que no se planean»

Se suele decir que los mejores viajes son los que no se planean. Trasladando la cita al aula, y sin ánimo de desmerecer la para mí imprescindible planificación, hoy voy a hablar de un concurso que improvisé con un grupo y que hizo que todos pasáramos un buen rato.

Era un grupo de A2 y el manual, en el apartado dedicado a la estructura «qué + sust. + más / tan + adj. (+ verbo)», incluía el cuento de La Caperucita Roja.

Después de comprobar si todos conocían el cuento y de ver cómo se llamaba en otros idiomas ―acabamos hablando de La Cenicienta y dándonos cuenta de que en algunos idiomas, como en alemán, el nombre (Aschenputtel) también viene de ceniza (Asche)―, hicimos una lectura dramatizada del cuento, imaginando que éramos cuentacuentos ante un grupo de niños (me pareció mejor ese escenario que el de un padre contándole el cuento a su hijo, porque todos los alumnos eran muy jóvenes).

Primero les leí yo el cuento, para que se fijaran en la entonación, el ritmo… Ellos eran los supuestos niños que escuchaban el cuento. En general, les hizo gracia oírme contándoles el cuento y, en especial, les gustó el final («¡Para comerte mejor! ¡Aaaaaagggh!»). A continuación, cada uno leyó para sí mismo o en voz baja el cuento y, por último, contaron el cuento entre todos (cada uno una frase). Una vez más, hubo reacciones ante el final del cuento, así que se me ocurrió hacer un concurso del mejor lobo feroz. Quien quisiera participar ―participaron todos con mucho entusiasmo, incluso una chica que era muy tímida―, solo debía entonar ese final del cuento. Uno a uno, hicieron sus interpretaciones y, a continuación, cada uno escribió en un papel el nombre del compañero que creían que lo había hecho mejor.

Hicimos el recuento de votos (todos fueron para la misma chica, excepto el suyo, porque no se votó a sí misma) y le dimos un merecidísimo aplauso a la ganadora, entre risas y comentarios positivos sobre el ejercicio. La ganadora me comentó, bromeando, que aparte de su diploma del curso quería su diploma del concurso. Le dije que al día siguiente se lo llevaría y… dicho y hecho: Nadja obtuvo su diploma, hablamos de la expresión «lo prometido es deuda» y volvimos a recordar un momento divertido de la clase.

Diploma al mejor Lobo Feroz de la clase

¿Tú recuerdas alguna improvisación con la que tú y tus alumnos hayáis disfrutado?

¡Saludos!

Antonio Orta: creatividad y autenticidad a raudales

(Foto de acastrillejo en Flickr: clic sobre la foto.)

(Foto de acastrillejo en Flickr: clic sobre la foto.)

La primera vez que vi a Antonio fue en mayo de 2013, durante las IV Jornadas de Difusión para profesores de ELE en Madrid. Su charla, titulada «La interacción genuina en el aula de ELE: curiosidad, creatividad y autenticidad», fue para mí, una recién llegada al mundo de la docencia de ELE, una gran fuente de inspiración. En apenas una hora, Antonio me regaló una dosis enorme de energía positiva, utilísimos consejos  y sabias reflexiones.

En cuanto tuve la oportunidad, puse en práctica algunas de las cosas que había aprendido con él, por ejemplo la de relacionar la entonación y la expresión facial con el significado. Creo que cuando se explicita esta relación, recordar un significado resulta infinitamente más fácil que cuando no. He utilizado este recurso, entre otras cosas, para ayudar a alumnos de A1 a ordenar de más positivo a más negativo las expresiones «Me encanta», «Me gusta mucho», «Me gusta», «No me gusta mucho», «No me gusta» y «No me gusta nada». Algunos alumnos se sorprenden, y a algunos les hace gracia (o sienten vergüenza ajena), cuando me ven gesticulando o entonando «de manera exagerada», pero a esos mismos alumnos los he visto haciendo memoria y reflejando en su cara el gesto correspondiente para ayudarles a recuperar la expresión adecuada.

Aunque es cierto que, como comentaba al principio, la conferencia en las Jornadas fue la primera vez que lo vi (y la única que lo he visto en persona), en cierto modo ya lo conocía un poco de antes, pues había leído dos libros en los que ha colaborado (Soy profesor/a. Aprender a enseñar, vol. 1 y 2, de Encina Alonso), y en los que sin duda dejó algo de su esencia. Del segundo volumen es el rap de los participios irregulares que adapté y llevé a clase con varios grupos. En este documento podéis ver la versión original y mi adaptación (modifiqué el texto ligeramente para incluir dos verbos más).

Y la última ocasión en la que he coincidido con él ha sido en un curso avanzado para profesores de español, en el que Antonio era el tutor de la asignatura de español para fines específicos, en la que pude comprobar, una vez más, que es un profesor excelente.

Para acabar, os dejo con este decálogo, que intenta resumir lo mucho que he aprendido de Antonio Orta. Y, aunque como mejor se disfruta de un artista es en directo, os dejo también con un vídeo para que los que lo conozcáis podáis volver a disfrutar un ratito con él si os apetece, y para que los que no lo conozcáis podáis haceros una idea de cómo es, de cómo enseña, de cómo transmite: http://www.youtube.com/watch?v=77xspAfZ31Y. (Nota: el vídeo dura la mitad de lo que marca que dura. Cuando acaba vuelve a empezar.)

¡Saludos!